domingo, 10 de marzo de 2024

HOMENAJE A JACINTO ESTEBAN: ARTISTA Y HOMBRE BUENO

 

HOMENAJE A JACINTO ESTEBAN: ARTISTA Y HOMBRE BUENO

 

Antonio J. Quesada

 

Cuando supe que se preparaba un libro en homenaje a Jacinto Esteban, y se me planteó participar, no pude decir que no. Corrijo: cuando supe que se preparaba un libro en homenaje a Jacinto Esteban, y se me planteó participar, no podía decir que no. La persona y el creador merecían ese homenaje, y para mí es un honor y un placer tomar parte en él.

 

Conocí a Jacinto, como a tantos otros creadores, en las reuniones de “Los Lunes del Pimpi”, que dirigía el poeta José Infante. Mucho debe agradecer el mundo creativo en Málaga a José Infante y a esas tertulias. Sí, sin duda: mucho debemos agradecerle. En aquel entorno mágico, en el que la palabra y la actividad creativa de todo tipo eran un fin en sí mismos, conocí a Jacinto. Siempre amable. Siempre sonriente. Siempre cariñoso. Siempre creativo.

Aquellos que no habíamos estado al tanto de su extenso curriculum profesional, tras conocer a la persona, comenzamos a estarlo. Una dilatada trayectoria artística que pasaba por haber trabajado, desde los años sesenta del pasado siglo, con los más grandes del mundo del teatro (y de la televisión) en España. Nombres como los de Miguel Ligero, Antonio Gades, Antonio Ferrándiz, Fernando Guillén, José Tamayo, Manuel Dicenta, Genma Cuervo, María Dolores Pradera, Nati Mistral, Guadalupe Muñoz Sampedro, Carlos Larrañaga, María Asquerino, Adolfo Marsillach, Julieta Serrano, Pedro Osinaga, Luis Escobar, Eloy de la Iglesia, Silvia Tortosa o Narciso Ibáñez Serrador, entre otros, acompañan la vida profesional de Jacinto.

 

En 1968, año con peso propio en la Historia, Jacinto se instaló en Málaga, sin que ello le impidiera realizar visitas periódicas a otros sitios de España, para estar al tanto de lo que se representaba aquí o allá. Y en Málaga regenta “El Corral”, local ubicado en Calle Ollerías que será conocido por la celebración de actividades intelectuales y creativas en él, y a cuyo nombre irán ligados los nombres de artistas de la talla de José Infante, Pablo García Baena, Gloria Fuertes, Pepe Bornoy, Rafael Pérez Estrada, Bernabé Fernández Canivell, Francisco Ruiz Noguera, Mari Pepa Estrada o José María Prieto, entre otros (su conexión con el Grupo Cántico no es de escasa importancia). Mítico lugar, “El Corral”: no lo conocí, pero he oído hablar de él, a personas que merecen toda mi credibilidad, con tanto cariño y respeto, que no tengo duda de su relevancia y de su importancia para agitar culturalmente aquella España gris ceniza de los últimos años de reinado del “Centinela de Occidente”. En tiempos en que, oficialmente, por el Imperio se llegaba hacia Dios, por “El Corral” se llegaba a la Cultura, tan necesaria como comer, para salir de aquella España que podía ser Una, pero no era ni Grande, ni Libre (ya me lo confesaba mi admirado y querido amigo, el Poeta José María Prieto: “España era una, sin duda, porque si hubiera habido otra nos hubiéramos ido a esa otra”).

Después vendrán interesantes actividades profesionales que le llevarán a Benalmádena, a interesantes tareas en la televisión pública de Málaga y a seguir realizando tareas creativas por aquí y por allá. Desde que tuve la suerte de conocerle, he vivido desde cerca sus espectáculos y trabajos en Málaga, en los que ha sabido demostrar su buen hacer. Recuerdo con especial cariño su brillante y exitosa atención a la figura de Miguel de Molina, así como los homenajes poéticos que diseñó en el Museum Jorge Rando, en los que tuve el honor de participar como poeta, incluso.

 

Pero si tuviera que destacar alguna cualidad de la persona, no del incuestionable gran creador que también es, resaltaría de Jacinto su trato afable, su cordialidad y su humildad. En tiempos en los que cualquier recién llegado que dobla una esquina piensa que es la pierna derecha del Cid Campeador y que sostiene Occidente a hombros en horario de oficina (e, incluso, fuera de él), Jacinto, pese a su intenso y extenso curriculum artístico, es un buen hombre, en el sentido machadiano, y un interlocutor gentil y cariñoso que no agobia a nadie con su amplia trayectoria profesional, sino que le gana por su bonhomía.

Debo realizar una confesión final: la mayor parte de los datos que he recopilado en mi exposición no los he conocido por él, pues Jacinto no va por la vida contando estas cosas, y lo que he sabido por él ha sido siempre descrito en un tono de amistad y cercanía de tal intensidad que… era como contar aventuras comunes del día a día. Como las que, seguramente, poseo yo o posees tú, amable lector de estas líneas.

 

Jacinto, el hombre y el artista, merece este homenaje. Y para mí es un placer y un honor poder tomar parte en él.

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