jueves, 15 de noviembre de 2018

LIBRO HOMENAJE A LACOMBA-DEL PINO-REQUENA (F. ECONÓMICAS 2018)

Subo aquí mi texto en homenaje a los tres ilustres profesores de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Málaga, fallecidos en un breve periodo de tiempo.




SUCEDIENDO A LOS GRANDES: UN JURISTA EN LA CORTE DE SAN VICENTE FERRER
 

Antonio J. Quesada Sánchez

Profesor de Derecho Civil


Érase una vez un profesor de Derecho civil al que, todavía, los entendidos en edades podían considerar joven sin faltar a sus deberes. Un joven que, unos años después de doctorarse con una Tesis de esas que intimidan, por su sesudo título jurídico, escogió una docencia un tanto especial en su Departamento, como es la docencia en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Docencia que, desde el punto de vista pedagógico, implicaba un reto fantástico: convencer a esos alumnos acostumbrados a gráficas, estadísticas y calculadoras de que ese libro tan grueso que llevaba debajo del brazo, el Código civil, no era un arma de destrucción masiva, y que todos esos temas y artículos no tenían que aprenderse de memoria (aunque ésta ayudara).

Una mañana de otoño aparecí por el Campus de El Ejido, con el Código civil debajo del brazo y con el atractivo imaginario del centro en la cabeza, dispuesto a empezar mi tarea. La Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales no es una Facultad más en Málaga. No. La historia de la Facultad la precede: los edificios tradicionales (¡la de fotografías, en

blanco y negro, que había visto en periódicos durante tantos años!), la inserción del centro en la Historia de la ciudad y cómo había ayudado a su culturización, además de que todos los malagueños conocíamos esos nombres de ilustres profesores que desarrollaron su docencia en la Facultad. Muy especialmente brillaban tres grandes nombres: Juan Antonio Lacomba (Catedrático de Historia Económica), José María Requena (Catedrático de Contabilidad y Primer decano del centro) y Juan del Pino Artacho (Catedrático de Sociología). No era extraño encontrar esos nombres en la prensa, bien por sus conferencias en el Ateneo o en otras instituciones malagueñas, bien en columnas de opinión, bien por su prestigio, opinando sobre este tema o aquel otro en interesantes entrevistas o bien recibiendo merecidos premios y galardones. Haciéndonos mejores a todos, que es lo que logran los intelectuales: ayudarnos a ser mejores, más cultos y más útiles para el progreso del colectivo.

Tres nombres de peso que agigantaban el prestigio intelectual del centro, pues estábamos ante personajes que excedían con mucho de alguien que imparte unas clases relativas a la temática que sea. Estas personas eran referentes en la ciudad, y teníamos la fortuna de que ofrecían sus saberes en nuestra Facultad. Y este profesor joven que ahora llegaba tenía esos referentes como ejemplos de lo que debía ser un docente completo: un intelectual que no se limita a enseñar una materia, la que toque, sino que además de enseñar dicha materia ilustra sobre valores y observa un modo de ser y de estar en la vida que es un buen ejemplo para su alumnado. Con el tiempo mi conocimiento y admiración por estos profesores, a los que no traté personalmente, se fue engrandeciendo, y siempre estaban presentes como lo está el horizonte para un navegante: sabemos que es imposible de alcanzar, pero es muy útil para enseñarnos la dirección en que debemos encaminarnos. Y me estabilicé en el centro, sintiéndome perfectamente a gusto entre economistas. En tierras de San Vicente Ferrer, patrón de este gremio que, hasta ahora, había resultado tan lejano de mi jurídico día a día.

Y aquí sigo, cómodo y a gusto. Si Mark Twain introdujo a “Un yanqui en la Corte del Rey Arturo” y Manuel Vázquez Montalbán fue “Un polaco en la corte del Rey Juan Carlos”, el autor de estas líneas apareció alguna vez por el Campus de El Ejido como “un jurista en la Corte de San Vicente Ferrer”. Y, desde el principio, aspiró a seguir esa estela de profesores humanistas que excedían, con mucho, de lo que suele ser un profesor medio. Teniendo tres brillantes ejemplos en mente, en todo momento. Tres Maestros.

 

domingo, 11 de noviembre de 2018

"PANDÉMICA Y CELESTE" (JAIME GIL DE BIEDMA)


PANDÉMICA Y CELESTE

Quan magnus numerus Libyssae arenae
                                   …………………………………………………………
aut quam sidera multa, cum tacet nox,
furtiuos hominum uident amores.
CATULO, VII
                                                
Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable-, mon frère!


Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años!

Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones…
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée à ce mal d’être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.

Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
              íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.

Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
                          Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.

(Jaime Gil de Biedma)

miércoles, 7 de noviembre de 2018

jueves, 25 de octubre de 2018

EL DÍA DE LA MUERTE DE DAVID BOWIE

Se publica el segundo número de "Oropeles y guiñapos", y tengo el inmenso honor de participar en él con un poema, "El día de la muerte de David Bowie".
Espero que les agrade.



 
El día de la muerte de David Bowie
A Cristina Consuegra y Antonio Jiménez Millán
El día de la muerte de David Bowie
madrugué, como cualquier otro día,
para llegar temprano al trabajo
y comenzar a resolver todo eso tan esencial
que siempre me espera en el despacho.
Javier Salvago alegraba mi trayecto
y me sentía especialmente creativo
(me sucede cuando alguien me regala creatividad).
Todo parecía lo de siempre.
Mis compañeros del autobús de las siete
eran los de siempre:
la señora ucraniana que apenas habla español;
las altivas funcionarias de los Juzgados;
el tatuado lector de Juan Luis Panero
(él no lo sabe, pero somos cómplices);
la chica que abre el jardín de infancia todavía de noche;
el pintor, con sus coloreados pantalones viejos;
algún estudiante medio dormido con papeles en la mano…
¿Qué pensarán ellos de mí?
“Ese joven tan triste al que vemos envejecer pegado a un libro”,
puede que piensen.
Y llevarán razón.
Antes de comenzar mi jornada,
moderadamente somnoliento,
repasé la prensa en el ordenador,
como cada mañana.
Y fui consciente de que, ya, nada importaría hoy:
ha muerto David Bowie.
No era otro bulo macabro de la red. No.
Esta vez, no. Ha muerto David Bowie.
Inevitable:
todo eso tan importante que cada día me acosa
pasará a un segundo plano
hoy.
Hoy:
el día de la muerte de David Bowie.
(Antonio J. Quesada)

lunes, 15 de octubre de 2018

BEATRIZ PÉREZ ARANDA

La adoro.

https://www.abc.es/play/television/noticias/abci-nuevo-error-directo-beatriz-perez-aranda-201810151308_noticia.html

sábado, 13 de octubre de 2018

...Pero el alma se pobló de moho


...Pero el alma se pobló de moho
 
Llámame nostálgico, romántico,
soñador o inocente,
pero qué bonito era pensar
que con la palabra podíamos
cambiar el mundo.
Que el hombre era bueno, a pesar de todo.
Cómo convivíamos con las imágenes de esos desgraciados
que quedaron atrapados en sus fotografías
y
que nos ayudaban a seguir adelante
y a encararlo todo, por duro que fuera.
Todavía no sentíamos moho en el alma
y todo estaba por hacer:
la mañana acababa de empezar.
Todo era posible.
No habíamos asimilado que del hombre
nada cabe esperar como colectivo
(no esperes nada de persona alguna, ni de Dios, de Estado
o de Iglesia alguna: así no serás defraudado nunca).
Que de lo que se trata es de multiplicar los números
y que haya más euros en el banco
(antes contábamos en pesetas),
para que la gente me mire como a un triunfador.
Aunque el moho se apropie de mi alma. Da igual. No se ve.

(Antonio J. Quesada: "Desde el otro lado del espejo")

domingo, 7 de octubre de 2018

BIOLOGÍA, HISTORIA

BIOLOGÍA, HISTORIA

Por fin.
Ha sido este fin de semana, cuando he podido disfrutar del bello libro de mi querido y admirado Antonio Jiménez Millán, "Biología, Historia" (Visor, 2018).
Por fin.
Y he tenido la sensación de ser cómplice de tantas andanzas creativas que ha sido de los trayectos más bellos que he vivido en mucho tiempo. He paseado por ciudades en las que nunca había estado (o he vuelto a ellas, pero de otra manera), he arriado banderas a deshoras (no creo en ellas, no fue ningún trauma), he reflexionado sobre mi posición en el mundo (pequeña, alejada de los poderes: mi único poder soy yo, y aunque parezca ínfimo a mí me basta), he revivido la muerte de mi padre, he paseado junto a Juan Carlos Rodríguez, Kafka o Jaime Gil de Biedma, he utilizado cines como refugios, he... He gozado, que es lo más importante.
Y, perdonen mi puntito sentimental, pero... es mágico que un poeta tan querido y admirado me dedique un poema tan bello como "La casa de las palomas".
GRACIAS, querido Antonio. Gracias por tanto. Revisitaré "Biología, Historia" con frecuencia: para gozar y para intentar entenderme a mí mismo algo mejor.