domingo, 25 de enero de 2015

"Un étranger", de Juan Luis Panero

Juan Luis Panero es, sin duda, el hermano Panero que menos me ha interesado desde siempre. Me parece un personaje literario de gran voltaje (sin duda, aunque sus hermanos lo son con mucha mayor perfección), y un poeta correctísimo y muy culto, pero a mí, como lector, su poesía me ha interesado menos que la de Leopoldo María y la de tantos otros poetas (se agradecen esos ecos de Kavafis-Cernuda-Paz-Pavese-etcétera, autores todos de mi panteón, pero... no me llega con esa profundidad; en fin, cosas de cada cual: amigos míos buenos lectores de poesía lo valoran bastante más).
En cualquier caso, quiero recordar hoy su poema "Un étranger", de "Antes que llegue la noche" ("Premio Ciudad de Barcelona", si el sucedáneo de cerebro que gasto no me engaña). Apabullante, al menos para mí: ahí sí veo al pistolero que representó con no gran éxito de crítica en "El desencanto" y que, posiblemente, tengamos muy interiorizado todos los que practicamos junto al fracaso bailes de salón.
Feliz fin de semana,


Produce cierta melancolía,
una tristeza decadente -literaria sin duda-
como algunas canciones de entreguerras
o páginas perdidas de Drieu La Rochelle,
ver a un hombre solo, apartado y distante,
en la barra de un bar con decorado internacional.
En esa imprecisa edad, tan imprecisa como la luz del ambiente,
en que ya no es joven ni viejo todavía
pero lleva en sus ojos marcada su derrota
cuando con estudiado gesto enciende un cigarrillo.
Las muchas canas y las muchas camas,
un indudable estómago que la camisa inglesa apenas disimula,
el temblor, no demasiado visible, de su mano en un vaso,
son parte del naufragio, resaca de la vida.
Un hombre que espera ¿quién sabe qué?
y aspirando el humo, mira con declarada indiferencia
las botellas enfrente, los rostros que un espejo refleja,
todo con la especial irrealidad de una fotografía.
Y es aún, algo más triste, un hondo suspiro reprimido,
ver al fondo del vaso -caleidoscopio mágico-
que ese hombre eres tú irremediablemente.
No queda entonces sino una sonrisa: escéptica y lejana,
-aprendida muy pronto y útil años después-
de un largo trago acabar la bebida,
pagar la cuenta mientras pides un taxi
y decirte adiós con palabras banales.

3 comentarios:

  1. Con el tiempo... cada día Juan Luis se agranda en mí. Grande.

    ResponderEliminar
  2. Hoy no escribiría, no podría, el texto inicial. Comentario del yo de hoy al yo del ayer. Veo que he crecido...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El primero de los párrafos. El segundo sí, cómo no.

      Eliminar